No, mañana no.

“Y nada tenía de malo,

y nada tenía de raro,

que se me hubiera roto el corazón,

de tanto usarlo.”

  Eduardo Galeano   


¡No, que esas son las copas buenas! Usa un vaso. 

No, esa camisa no, que es la de las bodas.

¿Ese vino? Uy, es carísimo. Lo estoy guardando… para un día especial.

Bueno, pues oh-qué-sorpresa, era hoy. Hoy era el día especial. Y mañana. Y ayer, que utilizaste los vasos de plástico, también era especial. Y tú, obseso del control, no lo has celebrado.

Sería una pena que el destino, que es hijo único y muy caprichoso, quisiera que mañana te cayera una maceta en la cabeza caminando por la calle. Las copas quedarían sin mácula, limpias, limpísimas en el estante de tu cocina. Ridículamente caras e intactas. Todos dirían: Él sí que sabía conservar las copas buenas. Sí, sí, todas sus camisas eran de un blanco nuclear.

Y tú, tirado en el suelo, pensarías que lo último que bebiste fue vino rancio en un vaso de plástico. Y se te picará el vino y tu camisa se la comerán las polillas. Por tonto.

drama

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Café, espuma y miel.

Me encanta el café. En taza grande, con espuma y miel, de esos de los días sin prisas.

Pero cuando el café es una excusa sabe mucho mejor. Y así lo hacíamos él y yo, sentados con nuestra excusa humeando entre las manos, en cualquier cafetería de esta ciudad, distintas tardes y a distintas horas. Y juro que esas tardes yo no tocaba un solo cigarro, estaba ocupadísima hablándole.

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Tal, Cual y Pascual.

– Hola, yo soy Tal. ¿Tu eres…?

– Encantado, soy Pascual. ¿Vienes de parte del novio?.

– De la novia, nos conocimos en el Máster de No-se-qué aplicada.


Se sonríen como tontos y lo inevitable ha ocurrido ya. Tal y Pascual, que no se habían visto (ni oído) nunca se han encontrado en la barra de canapés y ahí están, frente a los pinchitos de foié pidiendo lo mismo e igual de perdidos. Y sintiéndose cómodos no han dicho un disculpa, voy al baño ni un mi amiga está sola y aún tenemos quince años.

Sencillamente no han querido hacerlo, ya están bien donde están y los tacones no son tan incómodos. Podría haber prendido el velo de la novia frente a ellos y no lo hubieran visto, porque Tal está apuntando su número y Pascual ya le cuenta su viaje a Nepal. Y ella escucha atenta mientras piensa que ese debe ser el chico más alto y menos pretencioso que ha conocido nunca.

amelie

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Fracasa mejor.

He fracasado mucho. Ayer por ejemplo, y hoy, (y qué pronto era, por cierto). Muchas, incontables veces. Es casi un vicio.

Estaréis impresionados por este momento de sinceridad gratuita pero viendo que el fracaso es algo tan común, la verdad, decirlo aquí no ha sido gran cosa. Mal de muchos, consuelo de tontos dicen.

¿Que tú aún no? Espera, paciencia que todo llega.

Gestionar-desde-el-fracaso

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Fernweh.

Fernweh. ¿Alguien había oído esta palabra antes?

¿Nadie? Lo suponía. Describe la imperiosa necesidad de viajar, añoranza de un sitio en el que nunca has estado. ¿No es curioso? Yo la oí por primera vez hace algunos días y decidí darle algunas vueltas al tema.

gboXa

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La asturiana.

Las prisas, las listas de invitados, los nervios y el ruido.

Cuando las puertas de la iglesia se abrieron ya no quedaba nada de eso. Silencio sepulcral y ya sólo se oía su vestido arrastrado sobre el mármol, a ráfagas, a paso lento. Estaba en el pasillo, sonreía como una tonta y juraría que nunca la he visto tan guapa.

Fue su revivir las navidades de la infancia, las canciones que bailó en los bares, las tardes en cafés arreglando el mundo, y el día en que lo conoció.

Cualquier hecho pasado lo dejaba pegado al mármol, en ese pasillo. Y yo vi como se le aligeraba el vestido, como se vaciaba a cada paso hasta el altar.

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