Fracasa mejor.

He fracasado mucho. Ayer por ejemplo, y hoy, (y qué pronto era, por cierto). Muchas, incontables veces. Es casi un vicio.

Estaréis impresionados por este momento de sinceridad gratuita pero viendo que el fracaso es algo tan común, la verdad, decirlo aquí no ha sido gran cosa. Mal de muchos, consuelo de tontos dicen.

¿Que tú aún no? Espera, paciencia que todo llega.

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Lo sé, estoy entrando en terreno peligroso y los más sensibles seguramente ya hayan cerrado este blog. Que no cunda el pánico, hablemos de ello con calma. Y para que no os cueste tanto, haremos como en Alcohólicos Anónimos: empezaré yo.

Os contaré cómo el fracaso me encontró (de nuevo) esta mañana.

He respirado lentamente una, dos y tres veces y no me noto más tranquila, ¡esto no funciona! Yo y otros tantos llevamos un buen rato esperando en lo que parece un paredón de fusilamiento y que me perdonen pero aquí no aparece nadie. Ah, espera, ¿aquello de ahí es un coche? Sí, lo era. El mío, por cierto. Y ahora tenía un cierto parecido a un coche fúnebre con las caras mustias pegadas al cristal.

Es mi turno y la tapicería apesta a fracaso. El olor me envuelve como en uno de esos sofás viejos y pienso que esa sí es una buena forma de empezar el examen: perfumada de fracaso ajeno. Abro mi baúl de recursos de emergencia y entre las cosas de coaching que me dejó mi hermana encuentro una frase: Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, estás en lo cierto.

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Así que me cuento a mí misma la milonga de que yo puedo aunque el martes me salté dos semáforos en rojo, tres cedas y casi aparco sobre la acera. Pero oye, ya estás en el coche y no te queda otra así que ajusta los retrovisores y ¡a conducir se ha dicho!

“Estacione el coche a la derecha, por favor”. Así que yo obediente estaciono a la derecha. En una calle estrecha con una flota entera de furgonetas descargando, la guinda del pastel. Ella ha sido educada y yo también, como me enseñaron en casa. Tras escuchar la larga lista de razones por las que no me darían ni el carnet de bici en una tómbola, he bajado del coche con mucha dignidad y me he dirigido al primer callejón que he encontrado a esconderme del mundo y, por qué no, a compadecerme un poco de mí misma. Sólo un ratito, por favor.

Esta mañana quería volver a tener 6 años y que me dejaran repetir porque esa no era la buena, esa era sólo la de prueba. Quería poner ojitos de cordero degollado y que me dijeran: Vaale, venga, porque te has portado bien. O que me compraran un helado.

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Pero no. No tengo 6 años y en el callejón no estaba mi madre comprándome un helado. Ni un flash. Por lo que he tenido una epifanía: estamos solos ante nuestros fracasos. Y más nos vale ir aprendiendo a gestionarlos.  

Me he acordado de Borges diciendo que después de un tiempo, uno empieza aaceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos. Así que me he levantado y me he comprado un café doble, que por lo que sé es el helado de los mayores. Para llevar, por favor, que ahora entro en la oficina y el mundo no se ha parado.

También he recordado aquello de con el tiempo, uno planta su propio jardín y decora su propia alma en lugar de esperar que alguien le traiga flores. Y a mí siempre me ha encantado esta frase. Así que la palmadita me la he dado yo y de camino a la oficina he pensado que no era para tanto, que en un futuro explicaría que aprobé a la séptima y dejaré que mis hijos se rían de mí.

Que lo peor que me ha pasado en esta vida ha sido suspender un examen que creía que iba aprobar. Que he cenado caliente en invierno desde que tengo uso de razón y que si miro bien, mi cuenta corriente no está tan roja. Es más bien un rosa asalmonado. Que he suspendido y sin embargo, todo sigue estando bien.

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Y ahí he cerrado el circulo concluyendo que si pusiéramos en nuestras expectativas un poquito de realidad, el fracaso no sería un jarro de agua fría sino una más que probable opción teniendo en cuenta la cantidad de veces en que se me ha quemado la carne y otras tantas en las que he hablado de más.

Meto la pata continuamente, así que, ¿porqué no estoy más que acostumbrada al fracaso?

Equivocáos, una y otra vez. Dejad entrar el fracaso en vuestras vidas, dejad de esconderlo con vergüenza cuando os pregunten si habéis aprobado o cómo os fue en aquella cita. ¿El examen? Lo suspendí estrepitosamente. ¿Con aquel chico? no, parece que no le gusto tanto. ¿So what?

Y la próxima vez que fracases pregúntate por qué, date tú la palmadita en la espalda y cómprate un helado café doble.

Pero intentalo de nuevo. Fracasa otra vez, fracasa mejor.


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2 thoughts on “Fracasa mejor.

  1. A dice:

    No estoy de acuerdo del todo… No estás sola ante tus fracasos. Es cierto que gran parte de la solución y del dolor te lo comes tú, pero alrededor tienes un montón de almohadas en las que dejarte caer a reposar y desahogarte… Y lo más importante: un público incansable que asiste a todas tus carreras coreando tu nombre desde el precalentamiento hasta el final!

    Le gusta a 1 persona

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