Café, espuma y miel.

Me encanta el café. En taza grande, con espuma y miel, de esos de los días sin prisas.

Pero cuando el café es una excusa sabe mucho mejor. Y así lo hacíamos él y yo, sentados con nuestra excusa humeando entre las manos, en cualquier cafetería de esta ciudad, distintas tardes y a distintas horas. Y juro que esas tardes yo no tocaba un solo cigarro, estaba ocupadísima hablándole.

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Todas las mañanas esperando ese café y qué mañanas tan largas. Tenía un hueco en mi agenda que yo misma le cedí, porque soy muy generosa. Nos lo contamos todo, porque no nos juzgábamos y las historias las acompañábamos de poesía y alguna que otra canción. Entrelazábamos historias, complicándolo todo para pasarnos un rato más deshaciendo los nudos luego.

Nos lo contábamos todo mientras se nos enfriaba el café, lo que había sido de nosotros y lo que queríamos ser. Y no salió de allí, firmábamos un contrato de que quede entre tú y yo y cada palabra se hundió en esas tazas dejando poso… y vaya si dejó poso. Si fuerais a esos bares lo veríais, todas mis historias y todas las suyas, colgando de los muebles y estucando la pared.

Esas tardes yo me iba cuando ya no podía escuchar nada más. Cuando él ya me había llenado la cabeza de pájaros y yo era toda insomnio. Y el café es un poco droga dicen: engancha. Así que me quedé en esos bares, en todas esas tazas y en esas paredes, viendo como anochece antes y como llueve este invierno.

Cuando vuelcas, pasa. Que sintiendo el vértigo, te vacías frente a un café y el otro, a sorbos, ya tiene en qué pensar(te). Y te frenas, porque hasta ahora corrías y no tenías tiempo de coger la taza como se hace los domingos: con las dos manos.

Pero ya se han gastado las tardes, las noches e incluso las madrugadas frente al mar, hablando de esos viajes que nunca hemos hecho. Y ahora, cada vez que Hozier vuelva a rasgar su Sedated en mi habitación recordaré que me contaba que en su fría ventana algunas noches puede ver la Aurora Boreal. Y se me hará un poquito más difícil amar esta ciudad que otra vez volverá a ser tan mía y tan poco suya.

Como cuando el café era solo eso: café, espuma y miel.

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One thought on “Café, espuma y miel.

  1. Marta dice:

    Nunca se pierde lo que pasa a formar parte de ti, lo que te hace como eres hoy: mejor que ayer y peor de lo que serás mañana. En eso consiste, ¿no? Esos cafés cambiarán de escenario, no tendrán el mismo murmullo de fondo, cambiará el idioma. Tampoco tendrá la misma banda sonora ni las vistas al mismo mar, pero no sabes cómo sí tendrá el mismo sabor. No se pierde lo que ha pasado a formar parte de ti, simplemente cambia.

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