Los viernes comunes.

Llega el viernes como cualquier otro día: alarma – retrasar, alarma – retrasar, alarma de nuevo. Un café y al coche. Suena Gabriel Rios con su Gold y a mí se me olvidan todos los males. Canto hasta que me quedo sin voz y agradezco no compartir el trayecto con nadie. Bajo la ventana y se me hiela la cara, ya empiezo a despertarme.
  
El día transcurre rápido: reuniones, algunos documentos y el Mail del viernes, que es la guinda del pastel. Cuando quiero darme cuenta Gabriel se sienta a mi lado en el coche y a mí vuelve a parecerme que estoy en X-Factor y Simon Cowell me mira horrorizado mientras Gold vuelve a sonar por vigesimocuarta vez. Ya no me invento tanto la letra, Simon, no te quejes.
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La semana fue tan normal que decidimos confabular entre dos o tres para que el fin de semana no lo fuera. No lo ha sido y cómo me alegro. Compramos la comida suficiente para alimentar a una manada de osos antes de hibernar porque existe en nosotras un miedo irracional a morir desnutridas, que aunque poco o nada probable en nuestro caso, nos aterra.imagesCAASEGW4
Así que ponemos rumbo al Pirineo con el maletero lleno de hummus y vino mientras Mercadona nos desea un buen viaje y su hilo musical se nos graba a fuego en la cabeza. Siempre he pensado que debe tratarse de algún tipo de mantra que induce en tí un deseo irrefrenable de comprar tonterías, porque la leche entonces no nos parecíó muy prioritaria. imagesCABOU5M3
Pero teníamos comida, un coche y la paciencia suficiente para aguantar 4 horas de cedés bizarros como la primera gala de Operación Triumfo y alguna que otra canción de similar nivel, así que nos pusimos en camino y no paramos hasta ver las casitas de muñeca amontonadas en Vielha, decorando el valle y augurando un fin de semana increíble.
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Y así ha sido. Comimos, bebimos, hablamos, bailamos y dormimos. Reímos hasta dolernos la cabeza y la verdad, no ha hecho falta mucho más. Dejamos la cabeza en Tarragona y nos dejamos llevar, como prometimos. Conocimos a gente -unos de aquí y otros de allá- nos empapamos de nieve, preparamos gintonics y oh-dios-mío, cómo sientan los macarrones a las 7 de la mañana.
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Aún tengo la cabeza en el bar de las pistas y las maneras de los pijos de montaña, que tienen un toque rural y se diferencian del pijo común por el pelaje que recubre su cuerpo. Supongo que se me irá pasando a medida que avance este martes que es un poco lunes, pero ya se fragua la siguiente escapada y la verdad, los martes así se pasan mejor. tumblr_m71suynhq31qmbg8bo1_500
Lía a algun otro loco que sufra de semana común y escápate, los lunes ya se encargarán de devolverte a la tierra.
¡Feliz semana!
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4 thoughts on “Los viernes comunes.

  1. Granota dice:

    Ahora sólo falta que expliques si cantas en la ducha. Una opera como La Traviata seguro que te revive… (ah, y un poco de agua fría al final de la ducha… ¡eso si te despierta! — aunque no te recomiendo cantar en esos segundos… puedes morir 😀
    Buen resumen del finde.
    ¡Croac!

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    • Me alegra haber satisfecho a la vez tus y mis necesidades líricas, Amiga mandona. Me encanta que me sigas y me leas e invitarte a comer sushi con tu esposo mientras alabas mi capacidad creadora por un plato de gyozas.
      Gracias por pasarte siempre puntual por aquí. 🙂

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