Los viernes comunes.

Llega el viernes como cualquier otro día: alarma – retrasar, alarma – retrasar, alarma de nuevo. Un café y al coche. Suena Gabriel Rios con su Gold y a mí se me olvidan todos los males. Canto hasta que me quedo sin voz y agradezco no compartir el trayecto con nadie. Bajo la ventana y se me hiela la cara, ya empiezo a despertarme.
  
El día transcurre rápido: reuniones, algunos documentos y el Mail del viernes, que es la guinda del pastel. Cuando quiero darme cuenta Gabriel se sienta a mi lado en el coche y a mí vuelve a parecerme que estoy en X-Factor y Simon Cowell me mira horrorizado mientras Gold vuelve a sonar por vigesimocuarta vez. Ya no me invento tanto la letra, Simon, no te quejes.
imagesCA3GV9NY
Anuncios
Estándar

No, mañana no.

“Y nada tenía de malo,

y nada tenía de raro,

que se me hubiera roto el corazón,

de tanto usarlo.”

  Eduardo Galeano   


¡No, que esas son las copas buenas! Usa un vaso. 

No, esa camisa no, que es la de las bodas.

¿Ese vino? Uy, es carísimo. Lo estoy guardando… para un día especial.

Bueno, pues oh-qué-sorpresa, era hoy. Hoy era el día especial. Y mañana. Y ayer, que utilizaste los vasos de plástico, también era especial. Y tú, obseso del control, no lo has celebrado.

Sería una pena que el destino, que es hijo único y muy caprichoso, quisiera que mañana te cayera una maceta en la cabeza caminando por la calle. Las copas quedarían sin mácula, limpias, limpísimas en el estante de tu cocina. Ridículamente caras e intactas. Todos dirían: Él sí que sabía conservar las copas buenas. Sí, sí, todas sus camisas eran de un blanco nuclear.

Y tú, tirado en el suelo, pensarías que lo último que bebiste fue vino rancio en un vaso de plástico. Y se te picará el vino y tu camisa se la comerán las polillas. Por tonto.

drama

Sigue leyendo

Estándar