Todos nuestros héroes.

“Someone I loved once gave me

a box full of darkness.

It took me years to understand

that this too, was a gift.”

M. Oliver


Leí en alguna parte que en Japón utilizan una curiosa técnica para reparar la cerámica: se llama Kintsukuroi.

En el Kintsukuroi no usan pegamento, usan oro fundido. El metal se cuela entre las grietas y une las piezas y todo encaja de nuevo. Para cuando el oro se ha secado, el jarrón es otro. Ahora tiene betas doradas, cicatrices que recuerdan que un día se rompió o lo rompieron. Y curiosamente, ahora que se ha roto es más bonito.

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Siempre he oído que las personas deberíamos conservar la inocencia de cuando éramos solo unos niños. Cuando no nos enterábamos de nada y no podían rompernos, de cuando éramos invencibles.

Y toda esa historia de los jarrones, del oro fundido, del romperse y volverse a unir después, me hizo pensar en lo tremendamente interesantes que son las personas que se han roto alguna vez. Y me vinisteis muchos a la cabeza y otros tantos que aún no conozco.

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